Archivo para junio 21st, 2014

Las metas son simplemente una lista de buenos deseos e intenciones hasta el momento en que usted emprende la acción. Entre más intelectual y racional sea usted, más fácil será analizar la situación y evitar emprender la acción. Esto es lo que comúnmente se conoce como análisis paralizante, que consiste en pensar acerca de algo, analizarlo, entenderlo, investigarlo, considerarlo con familiares y amigos, y meditarlo. Y al final no hacer nada al respecto.

Los líderes suelen decir algo como lo siguiente: “Tu puedes o pensar en tu mensaje o realizarlo. Es algo tan simple como eso. SI usted ha estado pensando en su asunto interno por suficiente tiempo, tal vez ahora es el momento de hacer algo al respecto. Recuerde, si usted lo está pensando, no lo está haciendo”.

Cuando uno hace la transición del pensamiento a la acción, es como si dibujara una línea en la arena diciéndose a sí mismo: “Cuando yo cruce esta línea, empezaré a actuar y dejaré de pensar”. Y cuando cruza esa línea, sus moléculas empezarán a agitar el mundo a su alrededor. Así que para producir el éxito que desea, en cualquier área en particular en su vida, deberá poner en funcionamiento las ruedas de la acción.

A veces todo lo que se requiere es un poco de estímulo para que la gente despierte su sueño. Todo lo que se requiere es un poco de entrenamiento para diseñar un plan de acción. No obstante, cuando se trata de la implementación es algo que se debe dejar completamente en mano del individuo. Nadie puede mover los pies hacia delante sino solo usted.

Emprender la acción es lo que diferencia a los jugadores y a los espectadores en el terreno deportivo. Sin acción, usted no está en el juego. Usted simplemente es un observador esperando empezar. La diferencia entre ser un espectador y un participante inicia con un simple paso: la acción.

La suerte puede batir su varita mágica; ocurre de vez en cuando. Pero mire a su alrededor: ¿Cuántas personas de las que usted considera exitosas están allí como resultado de la suerte?. ¿Se construyó el imperio de Bill Gates sin invertir allí años de tiempo y energías?. ¿Llegó a convertirse Bruce Springsteen en un personaje famoso como resultado de la buena suerte?. ¿Se convirtió Barbara Walters en una periodista exitosa por casualidad?. Cierto, estar en el lugar apropiado, en el momento apropiado ha jugado su papel en cada uno de estos casos. Pero hubo algo más implicado: El esfuerzo extraordinario.

La suerte es una cosa marabillosa. Sin embargo, por su misma naturaleza, viene sin ninguna garantía. Si lo que usted desea es la completa realización de sus metas, puede esperar a que la suerte se aparezca, pero esa no es la mejor opción.

La suerte puede agotarse, y de hecho se agota. La suerte hace que las personas se mantengan a la expectativa de alguna medida extraordinaria de casualidad. No obstante, el establecer las propias metas y hacer que éstas ocurran, es lo que hace que la responsabilidad se transfiera a sus manos. Además, usted no tendrá que recostarse en su hombre indefinidamente, preguntándose si aún tendrá la suerte que alguna vez tuvo o preguntándose si ésta desaparecerá. Si usted no experimenta la fuerza de su propia casualidad, no sentirá su vehículo lo suficientemente estable y bajo su control.

La causalidad es el acto de traer algo a la existencia a través de los esfuerzos propios. Es la aceptación y el reconomiento de que usted es el que causa su propia realidad. Lo que usted diga, haga y piense afectará directamente los resultados que obtendrá.

La causalidad implica estar dispuesto a invertir todo su ser en lo que se quiere a fin de hacerlo realidad. Implica que usted esté dispuesto a encontrar la forma de hacer las cosas. Implica estar dispuesto a invertir el tiempo y la energía necesarias para producir su realidad anhelada. Lo opuesto a la causalidad es “no hacer nada”. Por supuesto, hay un espacio y un lugar para no hacer nada, no obstante, cuando usted esté enfocado en alcanzar el éxito, la causalidad funciona mejor que “hacer nada”. Si usted quiere alcanzar el éxito, usted puede, por supuesto, esperar a que el universo gire y se lo entregue. O usted puede confiar en usted y hacerlo suceder.

El éxito le ocurre no sólo a aquellos que lo persiguen sino también a aquellos que toman la iniciativa y lo hacen ocurrir. Aquellos que se animan a ir y batear la bola son aquellos que eventualmente se notan resultados.