Si sueñas, y los sueños no te arroban;
si piensas, y pensar no es tu ambición;
Si al triunfo y al desastre te acomodas,
Y ves en uno y otro un impostor.

Si a tu cerebro y pecho y nervio obligas
A estar despiertos, aunque ya agotados,
Y así sigues bregando con la vida
Porque la voluntad dice ¡Sigamos!

Si ocupas el minuto inexorable
De sesenta minutos de tu afán,
Tuyo es el mundo, tuyos sus caudales,
Y tú eres, hijo, un hombre de verdad.




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