Archivo para marzo 10th, 2012

” En un sentido muy real, todos nosotros tenemos dos mentes, una mente que piensa y otra mente que siente, y estas dos formas fundamentales de conocimiento interactùan para construir nuestra vida mental. Una de ellas es la mente racional, la modalidad de comprensiòn de la que solemos ser concientes, màs despierta, màs pensativa, màs capaz de ponderar y de reflexionar. El otro tipo de conocimiento, màs impulsivo y màs poderoso – aunque a veces ilògico -, es la mente emocional.

La dicotomìa entre lo emocional y lo racional se asemeja a la distinciòn popular existente entre el <<corazòn>> y la <<cabeza>>. Saber que algo es cierto <<en nuestro corazòn>> pertenece a un orden de convicciòn distinto – de algùn modo, un tipo de certeza màs profundo – que pensarlo con la mente racional. Existe una proporcionalidad constante entre el control emocional y el control racional sobre la mente ya que, cuanto màs intenso es el sentimiento, màs dominante llega a ser la mente emocional…, y màs ineficaz, en consecuencia, la mente racional. Èsta es una configuraciòn que parece derivarse de la ventaja evolutiva que supuso disponer, durante incontables ocasiones, de emociones e intuiciones que guiaràn nuestras respuestas inmediatas frente a aquellas situaciones que ponìan en peligro nuestra vida, situaciones en las que detenernos a pensar en la reacciòn màs adecuada podìa tener consecuencias francamente desastrosas.

La mayor parte del tiempo, estas dos mentes – la mente emocional y la mente racional – operan en estrecha colaboraciòn, entrelazando sus distintas formas de conocimiento para guiarnos adecuadamente a travès del mundo. Habitualmente existe un equilibrio entre la mente emocional y la mente racional, un equilibrio en el que la emociòn alimenta y da forma a las operaciones de la mente racional y la mente racional ajusta y a veces censura las entradas procedentes de las emociones. En todo caso, sin embargo, la mente emocional y la mente racional constituyen, como veremos, dos facultades relativamente independientes que reflejan el funcionamiento de circuitos cerebrales distintos aunque interrelacionados. En muchìsimas ocasiones, pues, estas dos mentes estàn exquisitamente coordinadas porque los sentimientos son esenciales para el pensamiento y lo mismo ocurre a la inversa.

Pero, cuando aparecen las pasiones, el equilibrio se rompe y la mente emocional desborda y secuestra a la mente racional.”

Inteligencia Emocional
Daniel Goleman

 

“Uno de los principales cambios biològicos producidos por la felicidad consiste en el aumento en la actividad de un centro cerebral que se encarga de inhibir los sentimientos negativos y de aquietar los estados que generan preocupaciòn, al mismo tiempo que aumenta el caudal de energìa disponible. En este caso no hay un cambio fisiològico especial salvo, quizàs, una sensaciòn de tranquilidad que hace que el cuerpo se recupere màs ràpidamente de la excitaciòn biològica provocada por las emociones perturbadoras. Esta condiciòn proporciona al cuerpo un reposo, un entusiasmo y una disponibilidad para afrontar cualquier tarea que se estè llevando a cabo y fomentar tambièn, de este modo, la consecuciòn de una amplia variedad de objetivos.

El amor, los sentimientos de ternura y la satisfacciòn sexual activan el sistema nervioso parasimpático (el opuesto fisiològico de la respuesta de <<lucha – o – huida>>) propia del miedo y de la ira).

La pauta de la reacciòn parasimpàtica – ligada a la <<respuesta de relajación>> – engloba un amplio conjunto de reacciones que implican a todo el cuerpo y que dan lugar a un estado de calma y satisfacciòn que favorece la convivencia.

La principal funciòn de la tristeza consiste en ayudarnos a asimilar una pèrdida irreparable (como la muerte de un ser querido o un gran desengaño). La tristeza provoca la disminuciòn de la energìa y del entusiasmo por las actividades vitales –  especialmente las diversiones y los placeres – y, cuanto màs se profundiza y se acerca a la depresiòn, màs se enlentece el metabolismo corporal. Este encierro introspectivo nos brinda asì la oportunidad de llorar una pèrdida o una esperanza frustada, sopesar sus consecuencias y planificar, cuando la energìa retorna, un nuevo comienzo. Esta disminuciòn de la energìa debe haber mantenido tristes y apesadumbrados a los primitivos seres humanos en las proximidades de su habitat, donde màs seguros se encontraban.

Estas predisposiciones biològicas a la acciòn son modeladas posteriormente por nuestras experiencias vitales y por el medio cultural en que nos ha tocado vivir. La pèrdida de un ser querido, por ejemplo, provoca universalmente tristeza y aflicciòn, pero la forma en que expresamos esa aflicciòn- el tipo de emociones que expresamos o que guardamos en la intimidad – es moldeada por nuestra cultura, como tambièn lo es, por ejemplo, el tipo concreto de personas que entran en la categorìa de <<seres queridos>> y que, por tanto, deben ser llorados.”

Inteligencia Emocional
Daniel Goleman

“Todas las emociones son, en escencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacciòn automàtica con los que nos ha dotado la evoluciòn. La misma raìz etimològica de la palabra emociòn proviene del verbo latino movere (que significa <<moverse>>) más el prefijo <<e->>, significando algo asì como <<movimiento hacia>> y sugiriendo, de ese modo, que en toda emoción hay implìcita una tendencia a la acción. Basta con observar a los niños o a los animales para darnos cuenta de que las emociones conducen a la acción; es sòlo en el mundo <<civilizado>> de los adultos en donde nos encontramos con esa extraña anomalía del reino animal en la que las emociones – los impulsos bàsicos que nos incitan a actuar – parecen hallarse divorciadas de las reacciones.

La distinta impronat biològica propia de cada emoción evidencia que cada una de ellas desempeña un papel ùnico en nuestro repertorio emocional.”

Inteligencia Emocional
Daniel Goleman